domingo, 11 de marzo de 2012

Filosofía china ante la muerte


Muerte
Los chinos, al igual que otros pueblos del sudeste de Asia, creen en la inmortalidad del alma. Como tal, respetan no sólo a sus ancianos que aún viven, sino también a sus ancestros fallecidos. Cuando ocurre una muerte, se llevan a cabo ritos fúnebres elaborados –taoístas, budistas, o una combinación de ambos. Por respeto, los miembros de la familia se abstienen de comidas abundantes o celebraciones de cualquier tipo durante siete períodos de luto, cada uno de los cuales dura siete días. En caso del fallecimiento de uno de los padres, abuelos o bisabuelos, cualquier miembro de la familia que tenga planes de casarse, debe hacerlo durante los primeros cien días después de la muerte, de lo contrario debe esperar un año para casarse. Después de que el período del funeral termina, los miembros de la familia continúan realizando ritos ceremoniales y rindiendo tributo al alma del fallecido en el aniversario de su muerte, el Día de los Difuntos y en otros festivales importantes. Los funerales se efectúan en la forma de cremaciones o entierros; si la persona es enterrada, después de que hayan transcurrido unos siete años los huesos serán sacados ritualmente, limpiados y vueltos a enterrar.


Filosofía china ante la muerte: una anécdota atribuida a Zhuangzi


La filosofía china es sin duda alguna extraña aún hoy para la cultura de Occidente; hay tantos grandes pensadores y filósofos, a lo largo de tanto tiempo que es tan intrigante como laborioso el examen de sus pensamientos. En el vasto conjunto de filósofos chinos nos encontramos con la figura del llamado Maestro Zhuang  (Zhuangzi Chuang Tzu o Chuang Tse) quien vivió alrededor del siglo IV antes de Cristo y que es uno de los máximos exponentes del pensamiento chino de las Cien Escuelas del Pensamiento; considerado como el segundo gran taoísta luego del gran Lao Tsé o Laozi.
Esta anécdota que se le atribuye en ocasión de la muerte de su esposa nos da un panorama de su filosofía ante la muerte:
Cuando murió la mujer de Zhuangzi; Huizi, fue a su casa a darle el pésame y lo encontró sentado en el suelo, cantando mientras se acompañaba con golpes rítmicos sobre un cuenco invertido que tenía apoyado en las rodillas.
Asombrado, Huizi, le dijo: “Al fin y al cabo, vivió contigo, crió tus hijos, envejeció a tu lado; es bastante singular que no la llores pero que tus amigos te encuentren cantando y tamborillando, ¡Me parece demasiado!”
“Te equivocas al juzgarme –respondió Zhuangzi– ¿crees que no estaba desesperado como cualquiera cuando ella murió? Pero, después, reflexionando en lo que había ocurrido me dije que la muerte no nos depara nada nuevo, que hubo un tiempo en el que ella no había nacido, en que no tenía ni vida ni forma, ni cuerpo ni espíritu. Somos esa mezcla de elementos, esa masa amorfa. Por un cambio en esos elementos, la masa se volvió espíritu y el espíritu se volvió cuerpo y el cuerpo se volvió vida y ahora la vida se ha vuelto a cambiar en muerte” El hombre tiene su ciclo, igual que la naturaleza cumple la sucesión de estaciones primavera, verano, otoño, invierno. Si aquel está cansado y se ha ido a acostar no lo perseguimos gritando. Ahora ella descansa en paz con el Gran Espacio Interior. Si yo me pusiera a llorar y a lamentarme, interrumpiría su reposo, lo único que mostraría es no haber entendido la Ley Suprema; por eso contengo las lágrimas”.


Imagen by Astrid Stocker 2012

sábado, 10 de marzo de 2012

Jung: Sobre la vida después de la muerte



Jung: Sobre la vida después de la muerte

Traducción de Teresa - teresa_0001@hotmail.com

Carl Gustav Jung opinaba, basado en sus experiencias personales – en su libro Memorias, sueños y reflexiones – que los espíritus eran consciencias autónomas que se habían parado en el tiempo y en el espacio, tras la muerte del cuerpo. No pueden aprender nada nuevo, no evolucionan, a no ser que la humanidad aquí, en la Tierra, también evolucione. Elevando el nivel de comprensión y consciencia aquí, se eleva allá, y esa sería la razón de la interacción muertos x vivos que tanto permea las manifestaciones psíquicas/religiosas humanas. Veamos estos fragmentos sueltos del capítulo Sobre la vida después de la muerte:

Al menos una parte de nuestra existencia psíquica se caracteriza por una relatividad de espacio y tiempo. A medida que nos alejamos de la consciencia, esa relatividad parece elevarse hasta lo no-espacial y a una intemporalidad absolutas. Las figuras del inconsciente son también no informadas y tienen necesidad del hombre o del contacto con la consciencia para adquirir el saber. Parece, en efecto, que un saber sin límites está presente en la naturaleza, pero que tal saber no puede ser aprehendido por la consciencia a menos que las condiciones temporales le sean propicias. Lo mismo ocurre probablemente en el alma del individuo, que trae consigo, durante años, ciertos presentimientos, pero sólo los hace conscientes tiempo más tarde.

Cuando escribí los Septem Sermones ad Mortuos, fueron nuevamente los muertos los que me propusieron cuestiones cruciales. Volvían – decían ellos – de Jerusalén porque no habían encontrado lo que buscaban. Esto me causó mucho asombro en aquella época, porque, según la opinión tradicional, son los muertos los que poseen el gran saber; en efecto, debido a la doctrina cristiana que supone que en el más allá veremos las cosas cara a cara, la opinión acatada es que los muertos saben más que nosotros: sin embargo, aparentemente, las almas de los muertos sólo saben lo que sabían en el momento de la muerte y nada más. De ahí sus esfuerzos para penetrar en la vida, para participar del saber de los hombres. Frecuentemente, tengo la sensación de que ellas se colocan directamente detrás de nosotros, a la expectativa de percibir qué respuestas les daremos a ellas y al destino. Me parece que lo que les importa a toda costa es recibir de los vivos – es decir, de aquellos que les han sobrevivido y que permanecen en un mundo que continúa en transformación – respuestas a sus cuestiones. Los muertos cuestionan como si no tuviesen la posibilidad de saber todo, como si la omnisciencia o la omniconsciencia pudiese ser privilegio tan sólo del alma encarnada en un cuerpo que vive. También el espíritu de los vivos parece, por lo menos en un punto, aventajarse al de los muertos: la aptitud para adquirir conocimientos nítidos y decisivos. El mundo tridimensional, en el tiempo y en el espacio, me parece un sistema de coordenadas: lo que se descompone aquí en ordenadas y abscisas, allá, fuera del tiempo y del espacio, puede aparecer tal vez como una imagen original de múltiples aspectos o tal vez como una nube difusa de conocimientos en torno a un arquetipo. Pero un sistema de coordenadas es necesario para poder distinguir contenidos distintos. Tal operación nos parece inconcebible en un estado de omnisciencia difusa o de una consciencia carente de sujeto, sin determinaciones espacio-temporales. El conocimiento, como la generación, presupone un contraste, un acá y un allá, un alto y un bajo, un antes y un después.

Si hay una existencia consciente tras la muerte, me parece que ésta se situaría en la misma dirección que la consciencia de la humanidad, que posee en cada época un límite superior, pero variable. Muchos seres humanos, en el momento de su muerte, no sólo se han quedado más acá de sus propias posibilidades, sino, sobre todo, muy distantes de aquello que los otros hombres aún en vida han tornado consciente, de ahí su reivindicación de adquirir, en la muerte, esa parte de la consciencia que no han adquirido en vida.

El grado de consciencia alcanzado, cualquiera que sea, constituye, según a mí me parece, el límite superior del conocimiento a que los muertos pueden acceder. De ahí la gran significación de la vida terrestre y el valor considerable de aquello que el hombre se lleva de aquí para el otro lado en el momento de su muerte. Es tan sólo aquí, en la vida terrestre, en que se chocan los contrarios, donde el nivel de consciencia puede elevarse. Esa parece ser la tarea metafísica del hombre – pero sin mythologein (‘mitologizar’) no la puede cumplir más que parcialmente. El mito es el peldaño intermediario inevitable entre el inconsciente y el consciente.
Está establecido que el inconsciente sabe más que el consciente, pero su saber es de una esencia particular, de un saber eterno que, frecuentemente, no tiene conexión alguna con el aquí y el ahora y no tiene absolutamente en cuenta el lenguaje que habla nuestro intelecto.
Solamente cuando damos a sus afirmaciones la oportunidad de amplificarse, a través de los números, es cuando este saber del inconsciente penetra en el dominio de nuestra comprensión, haciendo posible la percepción de un nuevo aspecto. Este proceso se repite de manera convincente en todo análisis de sueños bien hecho.

Un mito muy divulgado sobre el más allá está constituido por ideas y representaciones respecto de la reencarnación. En un país en que la cultura espiritual es muy diferente y mucho más antigua que la nuestra, como la India, la idea de la reencarnación es, por así decirlo, natural y tan espontánea como entre nosotros la idea de que Dios creó el mundo o la existencia de un spiritus rector (espíritu director), de una providencia. Según las características espirituales del oriental, la sucesión de nacimiento y muerte está considerada como un desarrollar sin fin, como una rueda eterna que gira siempre sin objetivo. Vivimos, discernimos; morimos y recomenzamos desde el inicio. Fue solamente con Buda cuando apareció la idea de un objetivo: el de superar la existencia terrestre.


La necesidad mítica del hombre occidental exige la imagen de un mundo en evolución, que tenga un comienzo y un objetivo. El occidental rechaza la imagen de un mundo que tenga un comienzo y un simple final, de la misma forma que repele la representación de un ciclo estático eterno, cerrado sobre sí mismo. El oriental, por el contrario, parece poder tolerar esa idea. No hay, evidentemente, consenso general sobre cuál pueda ser la esencia del mundo, y los propios astrónomos no han podido aún llegar a un acuerdo respecto de tal cuestión. Al hombre del Occidente el absurdo de un universo simplemente estático le es intolerable. Es preciso presuponerle un sentido. El oriental no tiene necesidad alguna de tal presupuesto, ya que él incorpora ese sentido. Mientras el occidental quiere completar el sentido del mundo, el oriental se esfuerza por realizar ese sentido en el hombre, despojándose él mismo del mundo y de la existencia (Buda).

Yo daría la razón tanto a uno como a otro. Porque el occidental me parece, sobre todo, extrovertido y el oriental introvertido. El primero proyecta el sentido, es decir, lo coloca en los objetos; el segundo lo siente en sí mismo. Ahora bien, el sentido, sin embargo, está tanto en el exterior como en el interior. No se puede separar la idea de la reencarnación de la idea del karma. La cuestión decisiva es saber si el karma de un ser humano es o no personal. Si el destino preestablecido con que un ser humano entra en la vida es el resultado de acciones y realizaciones de las vidas anteriores, existe entonces una continuidad personal. En la otra hipótesis, un karma es, por así decir, aprehendido con ocasión del nacimiento; se incorpora nuevamente sin que haya una continuidad personal.

Dos veces los discípulos preguntaron a Buda si el karma del hombre era personal o impersonal. Dos veces se esquivó de contestar evitando comprometerse: conocer la respuesta, dijo, no contribuiría a liberar al hombre de la ilusión del ser. Buda consideraba que les era más útil meditar sobre la cadena de los nidadas, es decir, nacimiento, vida, vejez y muerte, causa y efecto de los acontecimientos dolorosos.

No sé responder si el karma que vivo es el resultado de mis vidas pasadas o una adquisición de mis antepasados, cuya herencia se condensó en mí. ¿Seré, acaso, una combinación de vidas ancestrales y será que reencarno nuevamente esas vidas? ¿Habré vivido, antes, como personalidad determinada y habré progresado lo suficiente en esa vida ulterior para poder ahora esbozar una solución? Lo ignoro. Buda no contestó a la pregunta y puedo suponer que él mismo no tenía la confirmación.

Puedo fácilmente imaginar que ya he vivido en siglos anteriores y al depararme con preguntas que todavía no puedo contestar, suponer que me es necesario nacer nuevamente, por no haber cumplido la tarea que me había sido impuesta. Cuando muera, mis actos me seguirán. Es, por lo menos, lo que imagino. Llevaré conmigo lo que hice, teniendo la esperanza, con todo, de no llegar al fin de mis días con las manos vacías. Buda parece haber pensado así cuando procuraba alejar a sus discípulos de especulaciones inútiles.

Si admitimos que hay una continuación en el “más allá”, sólo podremos concebir un modo de existencia que sea psíquico, pues la vida de la psiquis no tiene necesidad de espacio o tiempo. La existencia psíquica – y, sobre todo, las imágenes interiores de que nos ocupamos desde ahora – ofrecen materia para todas las especulaciones míticas sobre una vida en el más allá, y ésta yo la represento como un caminar progresivo a través del mundo de las imágenes. De ese modo la psiquis podría ser esa existencia en la cual se sitúa el “más allá” o el “país de los muertos”. Inconsciente y “país de los muertos” serían, desde esa perspectiva, sinónimos. 

Me parece probable que existan igualmente en el más allá ciertas limitaciones; pero las almas de los muertos sólo descubren progresivamente dónde residen los límites del estado de liberación. En algún lugar, “allá”, reina una necesidad imperiosa que condiciona el mundo y quiere poner un término al estado de existencia en el más allá. Esta necesidad creadora decidirá – así pienso – cuáles las almas que serán nuevamente inmersas en la encarnación y en el nacimiento. Yo podría imaginar que para algunas almas el estado de existencia tridimensional sería más feliz que el estado “eterno”. Pero esto dependerá tal vez de lo que hayan llevado consigo como suma de perfección o de imperfección de su existencia humana.

Puede que una continuación de la vida tridimensional no tenga ya sentido alguno, una vez que el alma haya alcanzado ciertos niveles de inteligencia; que se encuentre liberta de la necesidad de retornar a la Tierra y que una comprensión superior suprima el deseo de verse reencarnada. Entonces el alma escaparía al mundo tridimensional y alcanzaría el estado a que los budistas llaman Nirvana. Pero si aún queda un karma incumplido, el alma recae en el mundo de los deseos y retorna nuevamente a la vida, tal vez sabiendo ciertamente que le ha quedado algo por cumplir.

No somos, de forma alguna, capaces de demostrar que cualquier cosa de nosotros se conserva eternamente. Todo cuanto podemos decir es que existe cierta probabilidad de que alguna cosa se conserve más allá de la muerte física. Y lo que continúa existiendo ¿es en sí mismo consciente? Tampoco lo sabemos. Si tenemos la necesidad de opinar sobre ese asunto, tal vez podamos tener en consideración aquello que es conocido en los fenómenos de disociación psíquica. En efecto, en la mayor parte de los casos en que se manifiesta un complejo autónomo, éste aparece bajo la forma de una personalidad, como si el complejo tuviese consciencia de sí mismo. Es por este motivo que las voces de los enfermos mentales son personificadas. Este fenómeno del complejo personificado, yo lo estudié en mi tesis. Se podría, si quisiéramos, invocar tal hecho en favor de una continuidad de la consciencia. A favor de esta hipótesis, podemos citar las sorprendentes observaciones hechas cuando ocurren graves colapsos o desmayos profundos, ocasionados por lesiones agudas del cerebro. En los dos casos puede haber percepciones del mundo exterior, así como intensos fenómenos oníricos, aunque se trate de una profunda pérdida de consciencia. Como la superficie cerebral, que es la sede de la consciencia, queda fuera de circuito durante el síncope, estos fenómenos todavía hoy permanecen inexplicables. Podrían testimoniar en favor de una conservación, por lo menos subjetiva, de la aptitud de la consciencia – incluso en el estado de aparente inconsciencia.

Traducción de Teresa - teresa_0001@hotmail.com



viernes, 9 de marzo de 2012

Los Maya tenía un día llamado Muerte


Imagen: creación de Astrid Stocker


Los mayas tenia un dia llamado Muerte 

Nawal:
Keme - Los ciclos y el renacimiento
Significado:
NOMBRES MAYA: KEME, KAME, KIMI
NOMBRE MEXICA: MIQUIZTLI
COLOR: AMARILLO
ORIENTACIÓN: SUR
ELEMENTO: AIRE
CLAVE: MANEJO DE LOS CICLOS Y RENACIMIENTO

SIGNIFICADO DEL KAB’AWIL (GLIFO) El glifo significa los ciclos, y es representado el más importante para el ser humano el de la muerte y el del nacimiento lo está por la primera curva por los ojos cerrados, la segunda con los dientes de fuera como un niño y la curva vertical por los ciclos de la reencarnación. 

SIGNIFICADO DEL NAWAL (ENERGÍA) Nacer y morir son los ciclos que se manifiestan en este período, la reencarnación, el linaje tanto familiar como espiritual, los guardianes invisibles. 

Simboliza la muerte, armonía y el renacimiento. Keme es lo único seguro, todos nacemos y lo único certero es que un día volveremos al origen. La muerte para el mundo maya, al contrario de como lo ven otras culturas, es una energía benéfica. Pues la dimensión de los muertos es en donde moran los antepasados, donde se encuentra verdadera paz y armonía, aquí nuestras necesidades son más sutiles y no hay competencia, ambición, ni sufrimientos. Es un lugar parecido al Paxil y al Kayala’ (el equivalente al paraíso del mundo occidental). 

Simboliza la muerte como cambio de estado espiritual, el principio, el inframundo, el consejero, el adivino, la fortuna, el instinto, los visionarios, el acabar, el partirse, el caer, el retoñar y el renacimiento. 

Keme pronostica lo bueno y lo malo, es la comunicación con las entidades de otra dimensión, el poder o fuerza que nos aconseja y protege durante toda nuestra existencia por medio de nuestros antepasados. Quien no se recuerda de estos y no guarda su memoria no tendrá buena guía en su destino. Keme es la energía protectora de las personas que mueren repentinamente, que son recogidas. 

Debilita y fortalece las fuerzas de una persona. Representa las revelaciones divinas. Es la fortaleza ligada a los ancestros, la energía del temor. Día especial para tener contacto con nuestro linaje espiritual, retirar enfermedades y accidentes, pedir protección en viajes y encontrar acceso al conocimiento superior. 

jueves, 8 de marzo de 2012

Ankh






El Libro de los Muertos Egipcio

Es llamado “Libro Oculto de la Morada”, también conocido como “El Libro de la salida a la luz del día”, sin embargo la más empleada es   El Libro de los Muertos. Es un libro que se oculta a sí mismo, según es dicho en sus últimos párrafos.” No dejes que le vea ningún hombre. El hecho de divulgarlo, constituye una tremenda abominación. Ocúltale, para que nadie sepa que existe”

Este libro misterioso se compone de una sucesión de figuras acompañadas casi siempre de su correspondiente texto. Su lenguaje es jeroglífico hierático.

Es sin lugar a dudas un documento iniciático, encontrado en el interior del sarcófago de las momias de los altos dignatarios del antiguo Egipto. Rollo misterioso que se colocaba bajo la cabeza del difunto y que narraba bajo una forma simbólica, el viaje de ultratumba del alma, según  los sacerdotes de Ammón-Ra.

Según la tradición egipcia el autor e inspirador de esos cantos mágicos  fue Thot, conocido como Hermes Trismegisto el Tres veces Grande.

Dijo Platón que este Dios dio a los hombres el conocimiento de los números y la clave de su interpretación, de la geometría, de la música, de la astronomía y de la poesía sacra.

Se convierte este ser, deidificado en los misterios egipcios; en protector y guía de los muertos. Tanto en Egipto como en Grecia y hasta épocas posteriores, era costumbre de los moribundos invocar al Dios y confiarse a él en el trance de la muerte, ya que era el Conductor de las Almas en el Más Allá.

En el periodo postrero de la civilización greco - egipcia, a Toth Hermes se le veneraba como el Dios que crea la palabra, como el primer iniciador de la humanidad, consagrándole la ciudad sagrada de Hermópolis.

El libro nos lleva a un cortejo fúnebre, extendido en el lecho funerario, se transporta al muerto, sobre la barca de Isis,  Junto a él Isis y Nephtis le protegen.

Vienen después los sacerdotes, portadores de emblemas, algunos llevan las ofrendas, otros las urnas y una copa. Se dirigen a la cerrada tumba que guardará los restos mortales del difunto.

El postulante se arrodilla ante Horus, hijo de Ra y dirige una ferviente plegaria para obtener las fuerzas que necesita   para someterse con éxito a las pruebas a las que será sometido.

Thot se dirige a Osiris.

¡Te saludo, Osiris, Toro de Amenti! ¡Oh rey de la eternidad! Yo soy Dios Grande que acompaña en su ruta la barca celeste., yo he combatido en tu nombre. ahora llego para dirigir a tu lado el combate, ¡oh Osiris!....

Soy Thot, aquel que hace triunfar a Osiris de sus enemigos. Soy en verdad, Djedi, hijo de Djedi;

Mi madre, Nut me concibió y me trajo al mundo en la ciudad de Djedu...

Entro y circulo indemne entre las deidades resplandecientes...

Ahora soy sacerdote en Djedu, propuesto para las libaciones.

Soy igualmente el gran maestro del mágico saber en el instante en que se debe atravesar la tierra de Heracleópolis

¡Oh, vosotros espíritus divinos, que hacéis penetrar las almas perfectas en la morada sacrosanta de Osiris! ¡traed las ofrendas consagradas para hacer vivir mi alma!...

¡Oh vosotros espíritus divinos que abrís la senda y apartais los obstáculos, franquead a mi alma el sendero hacia la morada de Osiris....

Yo soy profeta... yo dirijo las ceremonias de Mendes, yo soy el gran jefe de la Obra que pone el arca sagrada sobre el soporte...

¡Te saludo, Osiris, señor del Amenti!

¡Deja que penetre en paz en tu reino!

¡Deja que los señores de la tierra santa me reciban con exclamaciones de júbilo!

¡Que pueda experimentar todas las metamorfosis posibles, por todas las sendas de las regiones del más allá obedeciendo el deseo de mi corazón!”...

Así da inicio la ceremonia funeraria.

El fin supremo que se propone conseguir el iniciado es alcanzar a Dios, identificarse con él. Ha de acomodar su marcha a la del Dios solar, avanza hacia el oeste, hacia el acceso a la región del submundo, donde penetrará cuando llegue para él el instante de la muerte, pero la muerte es solo una apariencia, un cambio de estado, el alma sobrevive y progresa.

Uno de los momentos más difíciles para el iniciado es enfrentarse a la travesía en el sub-mundo, donde se encuentran los mayores obstáculos para aquél que quiera unirse con la divinidad.

Terribles tentaciones asedian en el mundo soterrado, doce puertas y doce horas conducen al DUAT (antecámara de la luz primordial). El iniciado trabaja en el mundo soterrado para arrancarle la luz a las tinieblas, para que pueda llegar a la Morada del  Padre: Osiris.

La Piedra filosofal se vuelve roja, se vuelve blanca, se coagula, se disuelve, brilla, centellea y resplandece en el submundo. El adepto se ha enfrentado a los enemigos de la noche, los ha vencido, ...“vedle triunfante de sus enemigos vivos y muertos. Se identifica con el Dios de cabeza de gavilán. Horus ha repetido sus encantamientos cuatro veces y todos sus adversarios cayeron vencidos y degollados”

El nuevo iniciado conoce el poder del verbo luminoso, debe ahora purificar su corazón para que esté libre de mancha. En virtud de esta pureza de corazón y de esta vigilancia de sentimientos  su conciencia está firme, su voluntad reina sobre sus facultades, bajo la tranquila mirada de Ra. Debe de resistir las tentaciones de Mestha, Hapi, Duamutf y Kebhsenuf, los cuatro Dioses de la Muerte y rendirles culto.

Tiene poderes sobre su propio ciclo y de esta facultad se siente orgulloso “Yo estoy en el ayer y conozco el mañana, dueño soy de renacer una segunda vez si quiero realizarlo”.

Otra ceremonia simbólica se verifica en la Ciudad Sagrada de Heliópolis. Morir es urgente.  Resucitar de entre los muertos es indispensable. Ascender a los cielos es cardinal y necesario. Yo soy el toro sagrado, señor del cielo, amo de la luz que sale de la llama. Yo ordeno los ritmos del cielo y el curso de los años.

Yo poseo panes de las ofrendas de Heliópolis. Mis panes están en el Cielo, delante de Ra. Sus  dos barcas se las traen al Templo del Gran Dios de Heliópolis. alegre recorre el Cielo en compañía de los espíritus. Come de lo que ellos comen.. Vive de lo que ellos viven.

Es invitado a sentarse en el interior del Tempo en la ciudad Solar. Se aproxima el instante del juicio definitivo, el periodo de pruebas terminará. La ceremonia capital prosigue, es el momento de pesar su corazón.  El lugar es llamado  “Sala de Maat”. Cuando se libera de los cuatro cuerpos de pecado entre en la sala de la doble Maat, entra en el seno bendito de la Diosa Madre del Mundo.

Su nombre es JUSTICIA Y VERDAD. La hoja superior de la puerta lleva una inscripción que dice: “Señor de Maat sobre sus dos pies” y la hoja inferior se llama : “Señor de doblado vigor, domeñador del ganado”. El aspirante después de haber hecho su ofrenda a los Dioses funerarios se dirige al Gran Sacerdote que dirige la ceremonia para recitar su confesión negativa ante los 42 Dioses que se encontraban en la sala de la doble Maat,

Esta confesión significa todas las perfecciones que el adepto debe adquirir para liberarse de los cuerpos de pecado. En seguida se dirige en forma sucesiva a cada uno de los 42 Dioses asesores del Gran Sacerdote, les venera y ofrece su verdad y su pureza.

Es examinado por Sacerdotes y cuando quedan todas las preguntas contestadas, las puertas se abren, surge entonces el guardián de la puerta, después Maat y luego Thot, llega el momento culminante, es indispensable pesar el corazón del adepto. En un platillo de la balanza se ve la representación del corazón y en el otro una imagen de Maat.

Anubis observa y con alegría ve que la balanza está en equilibrio. Thot, señor de las divinas palabras, escriba de los dioses, registra el fallo y añade: “Que el corazón sea devuelto al sitio que ocupa el pecho del adepto”

El difunto que se presenta ante los 42 jueces es aquel que muere para vivir, que muere para el mundo para vivir para Dios. El adepto se ha transformado en un nuevo ser, prosigue su ascensión y siente nacer en sí nuevas aptitudes.

Una luz suave inunda su alma. Es ya un nuevo Sacerdote, servidor de Osiris...

Fuente: Ma. Guadalupe Licea Rivera. San Luis Potosí, S.L.P.

Imagen; creacion Astrid Stocker
* 03-01-01/68 EGIPTO AMULETO 2 º 1 ª-MILL.BCE
Amuleto de loza en la forma de un ankh, la dinastía 25 al Período Tardío, alrededor de 700-500 BCE.The ankh (que significa "vida") se combina con el fue-cetro, el pilar djed, je y el jeroglífico de "Millones" . Esto representa un deseo, probablemente por el rey, de la "vida, el poder y la estabilidad durante millones de años". El amuleto fue adquirida por Lord Kitchener en el Sudán, probablt en Gebel Barkal y se originó en un templo. EA, 54412
British Museum, Londres, Gran Bretaña

martes, 6 de marzo de 2012

El sueño más profundo.....


No se sabe a que hora golpeará nuestra puerta
pero puedo verla con sus fauces abiertas.....
esperando hasta que el ultimo pensamiento
pase raudo entre las rendijas,
la conciencia expectante.....
me convierto en árbol
se abre el infinito
ahora soy Tu
Soy Yo
                                                                                                                 Imagen: Astrid Stocker