Muerte
Los chinos, al igual que otros pueblos del sudeste de Asia, creen en la inmortalidad del alma. Como tal, respetan no sólo a sus ancianos que aún viven, sino también a sus ancestros fallecidos. Cuando ocurre una muerte, se llevan a cabo ritos fúnebres elaborados –taoístas, budistas, o una combinación de ambos. Por respeto, los miembros de la familia se abstienen de comidas abundantes o celebraciones de cualquier tipo durante siete períodos de luto, cada uno de los cuales dura siete días. En caso del fallecimiento de uno de los padres, abuelos o bisabuelos, cualquier miembro de la familia que tenga planes de casarse, debe hacerlo durante los primeros cien días después de la muerte, de lo contrario debe esperar un año para casarse. Después de que el período del funeral termina, los miembros de la familia continúan realizando ritos ceremoniales y rindiendo tributo al alma del fallecido en el aniversario de su muerte, el Día de los Difuntos y en otros festivales importantes. Los funerales se efectúan en la forma de cremaciones o entierros; si la persona es enterrada, después de que hayan transcurrido unos siete años los huesos serán sacados ritualmente, limpiados y vueltos a enterrar.
Filosofía china ante la muerte: una anécdota atribuida a Zhuangzi
Filosofía china ante la muerte: una anécdota atribuida a Zhuangzi
La filosofía china es sin duda alguna extraña aún hoy para la cultura de Occidente; hay tantos grandes pensadores y filósofos, a lo largo de tanto tiempo que es tan intrigante como laborioso el examen de sus pensamientos. En el vasto conjunto de filósofos chinos nos encontramos con la figura del llamado Maestro Zhuang (Zhuangzi Chuang Tzu o Chuang Tse) quien vivió alrededor del siglo IV antes de Cristo y que es uno de los máximos exponentes del pensamiento chino de las Cien Escuelas del Pensamiento; considerado como el segundo gran taoísta luego del gran Lao Tsé o Laozi.
Esta anécdota que se le atribuye en ocasión de la muerte de su esposa nos da un panorama de su filosofía ante la muerte:
Cuando murió la mujer de Zhuangzi; Huizi, fue a su casa a darle el pésame y lo encontró sentado en el suelo, cantando mientras se acompañaba con golpes rítmicos sobre un cuenco invertido que tenía apoyado en las rodillas.
Asombrado, Huizi, le dijo: “Al fin y al cabo, vivió contigo, crió tus hijos, envejeció a tu lado; es bastante singular que no la llores pero que tus amigos te encuentren cantando y tamborillando, ¡Me parece demasiado!”
“Te equivocas al juzgarme –respondió Zhuangzi– ¿crees que no estaba desesperado como cualquiera cuando ella murió? Pero, después, reflexionando en lo que había ocurrido me dije que la muerte no nos depara nada nuevo, que hubo un tiempo en el que ella no había nacido, en que no tenía ni vida ni forma, ni cuerpo ni espíritu. Somos esa mezcla de elementos, esa masa amorfa. Por un cambio en esos elementos, la masa se volvió espíritu y el espíritu se volvió cuerpo y el cuerpo se volvió vida y ahora la vida se ha vuelto a cambiar en muerte” El hombre tiene su ciclo, igual que la naturaleza cumple la sucesión de estaciones primavera, verano, otoño, invierno. Si aquel está cansado y se ha ido a acostar no lo perseguimos gritando. Ahora ella descansa en paz con el Gran Espacio Interior. Si yo me pusiera a llorar y a lamentarme, interrumpiría su reposo, lo único que mostraría es no haber entendido la Ley Suprema; por eso contengo las lágrimas”.
Imagen by Astrid Stocker 2012

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